Marcela, cuéntanos, ¿cómo era tu relación con la tecnología antes del curso?
Le tenía mucho miedo, la verdad. Cada vez que mi hija me mandaba algo por el celular, me daba pánico apretar un botón y echar a perder todo. Pensaba que eso era para los jóvenes y que yo ya había pasado esa edad.
¿Qué te hizo animarte a inscribirte?
Mi hija vive en el sur y yo quería verla cuando conversábamos. Un día encontré Buzzira.info, agendé la asesoría gratuita y me atendieron con tanta paciencia que me di cuenta de que no tenía nada que temer.
¿Cómo fueron las primeras clases?
Distintas a lo que imaginaba. Nadie me apuraba ni me hacía sentir tonta por preguntar. Partimos con lo más básico y, de a poquito, ya estaba conversando con la inteligencia artificial como si fuera una amiga que me ayuda.
¿Qué cambió en tu vida diaria?
Muchísimo. Ahora hago videollamadas con mi hija y mis nietos, pido mis horas médicas por internet y hasta le pido ideas a la IA para el almuerzo de la semana. En mi trabajo también ordeno mis tareas más rápido y llego más tranquila a la casa.
¿Qué le dirías a alguien que siente el mismo miedo que tú sentías?
Que no se quede con las ganas. Uno cree que es difícil, pero cuando te lo explican con calma, es mucho más simple de lo que parece. Yo ya no me imagino mi vida sin esto.